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Selma Lagerlöf (1858-1940)

 

En 1909 fue la primera mujer en recibir el premio Nobel de

Literatura. El maravilloso viaje de Nils Holgersson (1906-1907) es

una de sus novelas más conocidas.

Sufragista convencida, amante de otras mujeres y emprendedora:

Selma Lagerlöf, la primera escritora que ganó el Nobel de Literatura

Visionaria e innovadora en su escritura, ayudó a salvar la vida de otra

Premio Nobel.

 

Por Marieta Zubeldia Martín

19 de julio de 2026

Desde que el premio Nobel existe, se han entregado 633 galardones que se han repartido entre 928 hombres (a veces el premio se da a más de una persona o la misma persona ha sido premiada varias veces) y 68 mujeres. En porcentaje: 90,7% de hombres frente a 6,5% de mujeres. En la categoría de Literatura, 104 ganadores y 18 ganadoras. En porcentaje: 85,2% frente al 14,8%.

En esas cifras se agrupan algunos de los nombres más ilustres de nuestra cultura, pero hay uno que destaca especialmente y es el de Selma Lagerlöf (Varmland, Suecia, 1858-1940), la primera mujer en recibir el galardón literario. Una mujer a la que no solo es justo recordar por su trayectoria en la escritura, sino —y sobre todo— por su compromiso con la igualdad y la justicia. Admirada por Marguerite Yourcenar o Thomas Mann, Lagerlöf se empeñó en demostrar con sus actos que la sociedad puede ser mejor si nos atrevemos a enfrentarnos a lo establecido y somos solidarios unos con otros.

La enfermedad lastró su infancia, pero los libros despertaron su vocación

Nacida en 1858 en la casona de Mårbacka (Varmland, Suecia), Selma Ottilia Lovisa Lagerlöf se crió en una familia burguesa. Era la cuarta de cinco hermanos, su madre procedía de un entorno adinerado y su padre era oficial de la Marina y terrateniente. Explotaba las tierras de la finca familiar pero su gestión, combinada con la crisis que atravesaba el país, acabaría desembocando en la pérdida de la vivienda años más tarde.

Según la profesora y académica Ana María Maza, en Selma y su familia se concentró el proceso de transformación que vivió Suecia a finales del siglo XIX: con una economía rural en declive y una sociedad cada vez más empobrecida, casi una quinta parte de la población se vio obligada a emigrar, y ello daría lugar a una serie de reformas de igualdad que convirtieron al país en el modelo socialdemócrata que hoy conocemos.

Volviendo a Mårbacka, cuando Selma tenía 3 años contrajo una enfermedad en las piernas que, además de dejarle cierta cojera el resto de su vida, la obligó a mantener una infancia reposada. Muy pronto se aficionó a la lectura, especialmente a Kipling, Andersen o Walter Scott, y despertó su vocación de escritora que también se nutrió de los mitos y las leyendas locales que escuchaba en casa. Sus primeros textos fueron poemas y obritas de teatro para las marionetas con las que jugaba junto a su hermana menor, Gerda. Era pequeña, pero prolífica, y años más tarde, sus dotes fueron descubiertas por la escritora y pionera feminista Eva Fryxell, que al escucharla leer un discurso en una boda entendió su talento y le animó a que cursara estudios superiores.

Selma decidió entonces prepararse para ser maestra, una de las pocas profesiones abiertas a las mujeres en la época, aunque no fue cosa fácil. Se encontró con la oposición de su padre, que había mandado a sus dos hijos a estudiar fuera, pero no quería que sus hijas estudiaran. Fue Johan, el hermano mayor, quien la apoyó y ayudó a conseguir el préstamo que necesitaba para pagar su instrucción. Así, a los 22 años, Selma abandonó Mårbacka e ingresó en la Escuela Superior de Magisterio de Estocolmo (Högre Lärarinneseminariet).

SUS PRIMEROS AÑOS COMO MUJER INDEPENDIENTE

Su estancia en la capital amplió su forma de ver el mundo. Allí entró en contacto con la modernidad y la confianza en el progreso científico. Se relacionó con los círculos intelectuales del país y se rodeó de otras mujeres que estudiaban, tenían una profesión y eran independientes económicamente. Conoció a Sophie Adlersparre, escritora y figura central del feminismo sueco, y a través de ella se acercó a los grupos y organizaciones feministas de la ciudad.

En 1885 dos grandes acontecimientos marcaron la vida de Selma. Por un lado, su graduación y acceso a su primer trabajo como maestra en una escuela femenina en Landskrona. Por otro, la muerte de su padre, cuya salud se había deteriorado a causa de su alcoholismo. Todo lo que obtuvieron por herencia fue una situación económica pésima para la familia. Su hermano Johan se hizo cargo oficialmente de la finca, pero no consiguió reflotarla: Mårbacka tuvo que venderse en una subasta y él emigró a Estados Unidos ayudado por Selma, que le consiguió el dinero para el pasaje. Esta pérdida del hogar familiar se convirtió en un tema que atravesaría la obra de Selma en el futuro, que a su vez, en aquellos años, comenzó a despegar. En 1890 ganó un concurso literario con su primera gran obra: La saga de Gösta Berling, sobre la redención de un clérigo expulsado de la iglesia por beber. Al principio, la novela, que incluía elementos de realismo mágico, fue acogida con cierto recelo por los suecos, pero a partir del aplauso de la crítica danesa, Selma obtuvo el reconocimiento de sus paisanos y, con él, una beca que le otorgó el rey Óscar II para impulsar su carrera.

Sophie Elkan y Valborg Olander: el “deshielo” y la esposa perfecta

Pocos años después, en 1894, Selma conoció a uno de los dos grandes amores de su vida, la también escritora sueca Sophie Elkan. Elkan era una mujer ilustrada y cosmopolita, seis años mayor que ella. La tuberculosis se había llevado a su marido y a su hija pequeña en días consecutivos y desde entonces había vivido largos periodos en el extranjero. En las más de 3.200 cartas que se intercambiaron hasta el fallecimiento de Elkan en 1921, se lee la intensa relación de admiración mutua que se profesaron. Según reflejó Selma en las cartas, conocer a Sophie fue para ella como “un deshielo”.

Aunque nunca llegaron a vivir juntas, sí recorrieron el mundo mano a mano. Pasaron meses en Italia, donde Selma pergeñó la escritura de Los milagros del Anticristo (1897). A Italia le siguieron estancias en Francia, Bélgica y Holanda. Pero fue sin duda su viaje por Oriente Medio, donde pararon en Jerusalén, Beirut, Egipto o Turquía, el que dio lugar a un nuevo hito literario. De este periplo de seis meses nació Jerusalem (1901), otra de las obras capitales de Selma, que cuenta la historia de una familia sueca que emigra a Palestina. Para siempre quedó la dedicatoria del libro: “A Sophie Elkan, mi compañera en la vida y en la escritura”.

La relación con Elkan, sin embargo, experimentó algunas tensiones después de que Selma conociera a la maestra, pedagoga y sufragista Valborg Olander, la otra mujer de su vida. Inicialmente trabaron amistad y Olander comenzó a asistir a Selma en su trabajo: le pasaba a limpio los manuscritos, revisaba sus textos y respondía su correspondencia… A partir de 1902 iniciaron una relación amorosa y Selma empezó a referirse a ella cariñosamente como la “perfecta esposa de una autora”. Aún así, Olander empezó a cansarse de que, por otro lado, Sophie Elkan estuviera siempre presente y la relación terminó por enfriarse.

Nils Holgersson y su viaje hacia el Nobel y la Academia Sueca

Un día Valborg le hizo llegar a Selma un encargo de la Asociación Nacional de Maestros: redactar un libro que transformara la forma de enseñar a los niños la geografía. El proyecto le tomó casi cinco años y numerosos viajes por el país, hasta que publicó El maravilloso viaje de Nils Holgersson (1906), una innovadora novela sobre las aventuras de un niño que mágicamente se vuelve diminuto y viaja por Suecia subido a lomos de un ganso. El texto, que este año celebra su 120º aniversario, se convirtió en un recurso pedagógico esencial y un bestseller mundial de literatura juvenil traducido a más de 30 idiomas.

 

A partir de entonces llegaron otros reconocimientos. En 1907 fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Uppsala y, dos años después, tras haber estado cinco veces nominada, por fin alcanzó su momento cumbre: se convirtió en la primera mujer en ganar el premio Nobel de Literatura. Costó que la eligieran porque no estaba alineada con las tendencias de la época, pero finalmente el jurado se decantó por ella gracias al “elevado idealismo, la vívida imaginación y la percepción espiritual que caracterizan sus obras”.

Para la ceremonia de entrega, que tuvo lugar en el Gran Hotel de Estocolmo, Selma encargó vestidos a Augusta Lundin, que entonces era la diseñadora más cotizada, y al evento le acompañaron Sophie Elkan, Valborg Olander y sus hermanos. Su discurso de aceptación fue un emocionante relato en el que imaginaba que volvía a encontrarse con su padre y, a través de una conversación con él, expresaba su gratitud hacia todas las personas que le habían ayudado.

Selma recibió un Nobel a los 51 años, pero no fue la única ni la última efeméride extraordinaria en su biografía. Aún tenía espacio para nuevos acontecimientos que grabaron su nombre en la Historia. El siguiente llegó cinco años después, cuando fue elegida miembro de la Academia Sueca. Una vez más, abrió las puertas para las que fueron después: se acababa de convertir en la primera mujer en ingresar en la institución desde que el rey Gustavo III la inauguró en 1786.

La recuperación de Mårbacka, su mayor alegría

El rendimiento de sus libros y la dotación del Nobel y el resto de reconocimientos la situaron en una posición económica holgadísima que le permitió recuperar la finca familiar. Mårbacka volvió a ella y se convirtió en el gran proyecto de su vida, hasta el punto de que supuso un regocijo mayor que todos los premios que había recibido. “La mayor alegría de mi vida fue cuando compré de nuevo Mårbacka”, expresaba en sus cartas. Y no solo la adquirió de nuevo, sino que le dio una nueva vida.

En 1923 rehabilitó la casa y la finca y se trasladó a vivir allí definitivamente. Probó que no solo estaba dotada para la escritura, sino que además era una gran emprendedora y excelente gestora: diseñó el nuevo jardín, definió un plan para volver a explotar las tierras, puso en marcha un negocio para comercializar harina y supervisó parte de las tareas agrícolas. Además, Selma, era una mujer comprometida. Participaba activamente en la política municipal y llegó a tener hasta 30 empleados a los que, en un nuevo y pionero gesto político por su parte, pagó un seguro médico cuando todavía no se hacía. Era generosa y no dejaba pasar una oportunidad para compartir su riqueza con los demás. Por la noche, invitaba a los vecinos del pueblo a la finca para que disfrutaran del jardín y les obsequiaba con parte del fruto de las cosechas.

Su lucha por la igualdad de las mujeres

Selma se convirtió en una mujer con gran capacidad de influencia. Intentó cambiar los prejuicios machistas de la época a través de sus novelas, donde sus personajes femeninos eran mujeres fuertes, con carácter y agencia. Pero también luchó en la vida real colaborando con la principal asociación sueca por el sufragio femenino, el LKPR, y apareciendo públicamente para ayudar a la causa. En este sentido, fue especialmente memorable su discurso “Hogar y estado”, que dio durante la Conferencia Internacional de Sufragistas en 1911 en Estocolmo. En él ponderó el trabajo de las mujeres en el hogar y recalcó la importancia de que participaran en la vida pública y el gobierno del Estado.

“[...] Además de haber traído seres humanos al mundo, ¿es que no hemos hecho nada que pueda justificar que reclamemos los mismos derechos en la sociedad que los hombres? [...] Necesitamos participar en la elaboración de las leyes [...] ¿Dónde está aquel Estado en el que el desgraciado sea cuidado con el mismo esmero que el hombre de éxito? [...] La gran obra maestra, el buen Estado, será creado por el hombre cuando tome en serio a la mujer como su colaboradora”, concluía.

La Nobel que salvó a otra Nobel

Hasta el fin de sus días, Selma apoyó de la forma que pudo todas las causas políticas en las que creía. En 1935 participó en un congreso antifascista junto a un buen número de intelectuales franceses y, cuatro años después, durante la Guerra de Invierno entre Rusia y Finlandia, donó a los finlandeses su medalla del Nobel como medio para recaudar fondos. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial mostró gran preocupación por el hostigamiento hacia los judíos e intervino como pudo para socorrer a quienes lo necesitaron.

La más destacable de estas actuaciones fue su mediación para ayudar a la también escritora alemana y premio Nobel de Literatura, Nelly Sachs. Judía y 31 años más joven que Selma, admiraba profundamente a la escritora sueca desde que leyó El viaje de Nils Holgersson con 15 años. En aquel momento le escribió una carta, Selma respondió y comenzó entre ellas un intercambio epistolar que duraría toda su vida. En el verano de 1939, Selma recibió la visita de una amiga de Nelly que le pedía personalmente que ayudara a su compañera escritora a escapar de la persecución nazi en Alemania. Selma intervino para conseguirle un salvoconducto y Nelly logró huir junto a su madre y llegar hasta Suecia, con tan mala fortuna de que Selma falleció apenas unos días después y nunca llegaron a conocerse. Sachs recordaría este evento más de 20 años después, en la apertura de su discurso de agradecimiento al recibir, también, el Nobel de Literatura.

De Greta Garbo a Lola Herrera… La huella que dejó

Selma se convirtió en un símbolo de la cultura sueca. Entre 1997 y 2008, en los billetes de 20 coronas suecas aparecía su rostro y los gansos de su obra más conocida. Este año, en la Wermland Opera, se ha estrenado Selma, una ópera sobre su vida basada en buena parte de su correspondencia y a cuya première asistieron el rey Carlos XVI Gustavo y la reina Silvia de Suecia.

Además, varias de sus obras fueron llevadas al cine. De hecho, fue en la adaptación de su novela debut, La saga de Gösta Berling, donde Greta Garbo protagonizó su primer papel importante, por el que fue descubierta por Louis Meyer, el ejecutivo de la Metro-Goldwyn-Mayer, e invitada a viajar a Hollywood. El resto es historia del cine. Y en España, Chicho Ibáñez Serrador dirigió también una adaptación dramatizada sobre su vida: El premio (1968), con Lola Herrera en la piel de la escritora. Se puede ver en RTVE y es una buena forma más de acercarse a la vida y a la obra de esta mujer sobresaliente, cuyos discursos y alegatos siguen hoy, desgraciadamente, tan vigentes como el día en que ella los pronunció.

Obras más destacadas

·         La leyenda de Gösta Berling (1891): Su primera novela y la obra que lanzó su carrera literaria, inspirada en las sagas y el folclore sueco. 

·         El maravilloso viaje de Nils Holgersson (1906): Un clásico de la literatura infantil y juvenil sobre un niño transformado en duende que viaja por los paisajes de Suecia. 

·         Jerusalén (1901–1902): Una novela en dos tomos sobre una comunidad rural sueca que emigra a Tierra Santa. 

·         El anillo de los Löwensköld (1925): La primera parte de una célebre trilogía de misterio y maldiciones familiares

·         Charlotte Löwensköld (1925) y Anna Svärd (1928): Continuaciones de la trilogía Löwensköld. 

·         El carretero de la muerte (también conocido como El cochero, 1912): Una obra fantástica sobre las últimas oportunidades de redención en la noche de Año Nuevo. 

·         La casa de Liljecrona (1911): Una novela de tono íntimo ambientada en la campiña sueca. 

·         Mårbacka (1922–1932): Una trilogía de carácter autobiográfico centrada en sus recuerdos de infancia y la historia familiar. 

 CONSUELO SANTIAGO


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